Mi hermana me abofeteó durante la prueba de su vestido de novia… así que cancelé la tarjeta con la que se pagaba su boda.

Epílogo
Por fin se celebró la boda.

Más sencilla.

Más pequeña.

Pero quizás más auténtica.

¿Y yo?

Estuve allí.

No como madrina.

No como banco.

Solo como la hermana.

Y esta vez, nadie me pidió mi tarjeta.

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